Blancanieves: ¿Dónde está el príncipe azul? (1)
Eros débil y crecimiento
BLANCANIEVES: «¿DÓNDE ESTÁ EL PRÍNCIPE AZUL?» (1)
Película Blancanieves de Pablo Berger. Imagen extraída de rtve.es
BLANCANIEVES: «¿DÓNDE ESTÁ EL PRÍNCIPE AZUL?» (1)
Blancanieves es una película dirigida por Pablo Berger en 2012 que está inspirada en el clásico cuento de los hermanos Grimm.
Es una película extraordinaria, que imita el modo narrativo del cine mudo, abiertamente expresionista, con una bellísima fotografía en blanco y negro.
Una de las cosas que más llaman la atención de este texto, en comparación con el cuento de los hermanos Grimm, es su desenlace que contradice el sentido del texto original de manera radical.
Si estudiamos la bibliografía que analiza los cuentos populares, comprobaremos que suele coincidir en considerarlos como versiones de un viaje iniciático, un tránsito desde la infancia, la inmadurez y la ignorancia a una edad adulta, a través de numerosas pruebas. En este sentido, se considera que los cuentos representan procesos psíquicos de individuación, de crecimiento, de separación de los padres.
En este escenario iniciático, las representaciones de la muerte de los protagonistas pueden interpretarse como un morir a la infancia y, consecuentemente, la resurrección tiene que ver con un nuevo nacimiento a un lugar adulto. Esta resurrección siempre tiene lugar a través del amor y supone ascender a la categoría de adulto, fuera del universo endogámico familiar, para ocupar el lugar que le corresponde en la cadena de las generaciones.
En el caso del cuento de Blancanieves se percibe con claridad la complejidad de las relaciones familiares que están en juego: es una historia de celos, de rivalidad, de un progenitor narcisista amenazado por el crecimiento de la hija, hasta que consigue matarla con la manzana como a una nueva Eva. En el universo simbólico de los cuentos, Blancanieves debe morir a la infancia, alejándose de esos sentimientos, permitiendo que su deseo pueda desplazarse fuera de la familia, para poder simbolizar, metaforizar, morir a la plenitud imaginada en la infancia. Y el paso desde la endogamia a la exogamia se produce muy precisamente a través de ese príncipe azul cuyo amor despertará a la heroína.
Pero en la película de Berger no existe ningún príncipe azul, lo que viene a representar un déficit de lo masculino que se observa en otros elementos de la película y en numerosos ámbitos de nuestra Cultura. El padre de Blancanieves en su silla de ruedas, el amante de la madrastra como un mero pelele objeto de goce, los enanitos de feria y la constatación de que ningún hombre podrá rescatar a esta joven del designio de su madrastra.
Blancanieves yace muerta en una barraca de feria, un tugurio para la necrofilia, y podemos imaginarla llena de esperanza, con su legítima aspiración erótica. Pero ningún hombre dará la talla y su lágrima representará esa imposibilidad del amor.
De hecho, la película refleja el derrumbe de lo masculino, en concordancia con la aparición de una mujer todopoderosa que causa que ningún hombre esté a la altura, es decir, que sean impotentes para la relación sexual. Dificultad para el amor, para la sexualidad, y triunfo de un narcisismo desaforado representado por esta madrastra.
La muerte definitiva de Blancanieves es por tanto un signo preciso de la falta de amor y de sexualidad porque Eros es la fuerza que arranca al sujeto de sí mismo y lo conduce fuera, hacia otros. Es como si en nuestro mundo no tuviera cabida el amor ni la pasión ni el compromiso. Como si tanto narcisismo hubiera conseguido finalmente que el otro desaparezca.