El poder de la música
Música, emoción y cerebro
"Escribir y poner música a mis sentimientos fue, en plena adolescencia, un salvavidas en mar ajeno (...) Me costaba dar brazadas y la música, por primera vez de tantas que luego vinieron, me rescató".
¿Por qué la música emociona tanto y tan profundamente? Distintos tipos de música en distintos momentos, en idiomas desconocidos, producen emociones difícilmente comparables con otras experiencias humanas. No hace falta saber italiano ni alemán para emocionarse escuchando Madame Butterfly de Puccini o La flauta mágica de Mozart. Ni hace falta saber música para sentir algo sublime al escuchar un órgano en una catedral tocando alguna de las obras maestras de Bach, o las voces de un grupo de monjes cantando gregoriano.
Tampoco hace falta "entender" de música para disfrutar escuchando a algunos cantautores, donde sus letras sí pueden ayudar a una mayor conexión emocional. Autores como Luis Eduardo Aute, Silvio Rodríguez, Serrat o Javi Martín, por citar sólo a unos pocos representantes de este ámbito, son capaces de rasgar el alma de manera prodigiosa.
En el ámbito del pop-rock también es posible tener experiencias maravillosas con algunos genios del ritmo y de las emociones. Por ejemplo, los eternos The Beatles, o el triste y precozmente desaparecido Robe Iniesta.
Evidentemente no todos los artistas generan las mismas emociones en distintas personas. Aún no estamos tan robotizados, aunque alguna moda actual hace sospechar que se estuviera componiendo una única canción de manera cíclica en todo el planeta y que todos la cantaran y bailaran de la misma manera: ¿un algoritmo del ritmo?, ¿un reguetón de molde?, ¿un copy-paste auditivo?, ¿una fotocopia ruidosa que logra reducir la enorme riqueza del ritmo latino a un único compás?
Pero pensando en la música como tal, en una creación artística que merezca ese nombre, cabe preguntarse si habrá alguna explicación neurológica que ayude a entender el impacto que tiene, y que siempre ha tenido, en todos los seres humanos.
Lo primero a tener en cuenta es que cuando escuchas música, especialmente música que te emociona, no hay una sola zona del cerebro trabajando. En realidad se activa una red bastante grande que mezcla percepción, emoción, memoria y recompensa. Podemos destacar algunas de las más importantes:
- La corteza auditiva procesa el sonido, está ubicada en el lóbulo temporal y es la primera región que analiza la música. Aquí el cerebro descompone el sonido en tono, ritmo, timbre y melodía. Sin esta área no podríamos reconocer patrones musicales.
- La amígdala detecta la carga emocional del sonido. Se activa mucho cuando la música transmite miedo, tensión, tristeza o intensidad dramática en general. Es por esta área cerebral que la música puede producir reacciones físicas.
- El núcleo accumbens es parte del sistema de recompensa del cerebro. Cuando una canción o melodía te encanta se libera dopamina y sientes placer. Este circuito también se activa con la comida, el sexo o cualquier gratificación en general.
- El hipocampo relaciona la música con recuerdos personales, de manera que una composición musical puede transportarte a una etapa de tu vida, a una persona o a un lugar específico. Esto amplifica muchísimo la emoción.
- La corteza prefrontal sirve para predecir qué nota vendrá después, detectar sorpresas musicales e interpretar la estructura de la música. Cuando la música rompe o cumple una expectativa esta zona interactúa con el sistema de recompensas y genera placer.
- El cerebelo y el sistema motor sincronizan el cerebro con el ritmo. Por eso al escuchar música mueves los pies, asientes con la cabeza o quieres bailar. Incluso si estás quieto el cerebro sigue simulando movimiento.
La emoción musical surge en la interacción de todas estas áreas. Es una de las pocas experiencias humanas que activa tantas redes cerebrales al mismo tiempo.
Releo lo escrito hasta ahora escuchando la guitarra de David Gilmour en Comfortably Numb y veo lo inútil de intentar racionalizar el impacto de la música; no es sino el esfuerzo de una mente excesivamente analítica que intenta comprenderlo todo. Hay experiencias que traspasan el alma, y lo hacen profundamente. Experiencias donde sobran las palabras. Experiencias por las que, sin duda, merece la pena vivir.