¿Es la psicoterapia una solución al pesimismo?

"No saben que les traemos la peste"

S. Freud

Cuando Freud llegó a Nueva York en el vapor George Washington, en 1909, le dijo a Jung "No saben que les traemos la peste" sugiriendo con claridad que la psicoterapia psicoanalítica no es un bálsamo sino una inyección de realidad que destruye las ilusiones optimistas del ego.

El discurso psicoanalítico está muy alejado de la jerga de la psicología positiva con su aluvión de libros sobre cómo cualquier persona puede tener una vida feliz y llena de sentido, con tal de que se lo proponga y lea algún libro de autoayuda o se retire algún fin de semana a montañas con otros seres de luz.

La psicoterapia psicoanalítica no es una fábrica de felicidad, sino una aceptación activa de lo real. No se trata de un simple "estar bien" con independencia de tu realidad y condiciones de vida; no se propone solucionar el pesimismo sino, en todo caso, dignificarlo. No obstante, el hecho de que el psicoanalista no sea un guía hacia la felicidad o la luz, no implica que sea un agorero que invite a habitar en las sombras con resignación cristiana y pesimismo creciente.

Tras más de 30 años de experiencia habitando el espacio clínico como psicoterapeuta psicoanalítico he aprendido que el pesimismo no es un síntoma que deba eliminarse sin más sino una verdad a elaborar. Y que, efectivamente, la terapia no sirve para alcanzar una felicidad de catálogo pero que sí tiene beneficios tangibles que solo el tiempo y la palabra compartida revelan.

Sin ánimo de ser exhaustivo quiero destacar aspectos que he comprobado que se movilizan en un proceso de psicoterapia psicoanalítica:

  1. Aumento de autoconocimiento que permite:
    • Identificar patrones repetitivos: por qué elegimos el mismo tipo de parejas, cometemos los mismos errores o reaccionamos de la misma forma ante los conflictos. ¿Por qué caemos mil veces en la misma piedra?
    • Mayor claridad sobre la historia personal, recontextualizando las experiencias vividas en la infancia/adolescencia y la relación con los progenitores, o adultos de referencia, para entender en mayor medida el yo actual.
    • A su vez, este mayor autoconocimiento también suele incrementar la capacidad de sostener la ambivalencia, aceptando los múltiples sentimientos que invaden la realidad de un yo fragmento/no ideal.

    Creo que en este camino el pasado se vuelve historia, no destino.

  2. Alivio de sintomatología emocional:
    • Reducción de sintomatología ansioso-depresiva, por señalar sólo los síntomas epidémicos en nuestra cotidianidad.
    • Elaboración de distintos tipos de traumas, procesando experiencias dolorosas del pasado que han quedado congeladas y generan malestar en el presente.
    • Apoyo en la resolución de duelos, al facilitar el tránsito por pérdidas que han quedado estancadas o no han sido suficientemente elaboradas.
  3. Mejora en las relaciones interpersonales:
    • Establecimiento de límites saludables, aumentando la capacidad decir no sin culpa.
    • Reducción de la proyección dejando de atribuir a los demás nuestros propios miedos o defectos y construyendo vínculos más auténticos.
    • Capacidad de ver a los demás no como objetos que tienen que satisfacerte o de los que tienes que defenderte para verlos como seres humanos tan perdidos como cualquiera.
  4. Desarrollo de recursos psicológicos tales como el aumento de la resiliencia, la flexibilidad mental, el abandonando de pensamientos rígidos o dicotómicos y la mejora de la autoestima.
  5. Beneficios en la vida profesional y creativa, superando bloqueos creativos y mejorando la toma de decisiones y desempeño profesional.

A lo largo de estos años de praxis profesional he visto cómo lo que antes era un dolor paralizante y mudo, se convierte en una tristeza con nombre, mucho más ligera de llevar. Los resultados no son fuegos artificiales, sino silencios y conversaciones más cómodas, vínculos menos violentos (tanto con los demás como con nosotros mismos) y la capacidad de dejar de pedirle a la vida algo que no puede darnos.

En definitiva se trata de ser más consciente de las tendencias que nos habitan y poder elegir distintos caminos en lugar de actuar siempre de la misma manera, sin saber por qué. En este sentido, la psicoterapia psicoanalítica ayuda a ser más libre.

Quizá no sea ni pretenda ser un antídoto contra el pesimismo. Pero sí es un medio esencial para transitar la vida dejando de ser prisioneros de nuestra historia para convertirnos en sus narradores conscientes.

La sombra vuelve siempre al mismo lugar. Conciencia crítica.