Hacia una misantropía lúcida
Resonancias del pesimismo
“¡Ay de aquel que dentro de sí cobija desiertos! El desierto crece: ¡ay de aquel que dentro de sí cobija desiertos!”
Concluyo esta breve serie dedicada al pesimismo con alguna referencia a un pensador radical contemporáneo con el que no estoy totalmente de acuerdo: Thomas Ligotti (1953). Creo que tiene razón cuando argumenta que es valiente escribir sobre pesimismo: “A Zapffe, Schopenhauer y Lovecraft les fue bastante bien sin rendirse a la histeria de la afirmación de la vida. Eso es algo muy arriesgado para cualquiera, pero todavía más para los escritores, porque las convicciones antivitales degradarán su obra a un archivo inferior al de los grafómanos que capitulan ante el pensamiento positivo” (Ligotti, 2015: La conspiración contra la especie humana).
Porque efectivamente, a nadie le gusta que se le estén recordando aspectos negativos de la existencia. Es como si lectores imaginarios dijeran: “si no puedes decir algo positivo, mejor cállate; no me hagas perder el tiempo con tus memeces”.
También estoy de acuerdo en que asumir una postura pesimista ante la vida no supone ningún elitismo intelectual o moral: “compuesto de la misma escoria que todos los mortales, el pesimista se aferra a cualquier cosa que parezca validar sus pensamientos y emociones” (ibid.).
Pero lo que no comparto es su pesimismo visceral, que incluiría la extinción de la especie humana como propuesta o necesidad. Si toda existencia conduce solo a la desolación, al vacío, al sufrimiento y a la desesperación, lo lógico sería, en su opinión, la antinatalidad, en tanto que traer un nuevo ser al mundo sería un acto de total egoísmo, al condenarle a la enfermedad, la vejez y la muerte sin su consentimiento. Deberíamos dejar de reproducirnos, lo que constituiría el mayor favor que podríamos hacer a las futuras generaciones al no permitir que existan.
En mi opinión, el pensamiento de Ligotti genera un nihilismo paralizante. No creo que se trate de odiar al ser humano, aunque sea una especie cansada y en ruinas, sino de renunciar a sus mitologías redentoras. Siglos de historia nos demuestran que la esperanza de “mejorar al hombre” es imposible.
En este sentido, la misantropía puede ser una forma extrema de honestidad: no quiere transformar el mundo, sino comprenderlo sin anestesia. Sería una frontera incómoda entre lo que deseamos creer y lo que tenemos enfrente.
Por otro lado, aunque el escenario es sombrío, existen aspectos del ser humano que permiten crear cierta resistencia al pesimismo. Por ejemplo, la música como lenguaje que articula las emociones sin mentiras, el arte en general como huella digna, o destellos de valores humanos que surgen entre las tinieblas, como la solidaridad, la generosidad o la perseverancia.
Este contraste entre un pesimismo radical y aspectos rescatables dentro de la ruina no es una mera disquisición intelectual ahistórica, sino que se da en un momento sociopolítico concreto que genera efectos. Actualmente, y de manera muy acelerada, ese contexto procura la homogeneidad de todos hacia un consumo masivo y uniforme. Se trata de que todos creamos tener las mismas necesidades y de que creamos poder satisfacerlas en uno u otro centro comercial o plataforma digital.
En este contexto global, la búsqueda de aspectos rescatables del ser humano debe contar con herramientas que permitan cierta singularidad y pensamiento crítico. Creo que la psicoterapia psicoanalítica y el arte plantean alternativas que apuntan a cierta búsqueda de esa singularidad. En mi opinión, son dos caminos complementarios para intentar huir de totalitarismos que atenacen el pensamiento crítico y aumenten la estupidez y la locura cotidianas.
En esta búsqueda pretendo plantear alguna reflexión sobre estos aspectos positivos en la experiencia humana, no para almacenar tips de felicidad, sino para que la estancia sea más satisfactoria, digna y soportable. Estoy convencido de que aunque el barco se hunda, la orquesta debe seguir tocando lo mejor posible; no para salvarse, sino por respeto a la música misma.
En definitiva, pretendo escribir sobre aspectos que merezcan la pena aunque quizá la especie como tal haya llegado al límite de su decadencia. Aspectos que nos permitan mirarnos al espejo sin apartar la vista.
¿La sombra vuelve siempre al mismo lugar?