La estupidez globalizada
Sobre la expansión social de la desinformación y sus efectos.
“El problema del mundo es que los estúpidos tienen una seguridad pasmosa y los inteligentes rebosan de dudas”
Quiero destacar alguna idea de G. Livraghi (El poder de la estupidez, 2010), relevante en el argumento que estoy desarrollando sobre la estupidez. A parte de otros conceptos que he señalado en anteriores posts, este autor habla de una estupidez globalizada, término que veo muy gráfico y pertinente. Señalo con brevedad alguno de los elementos que justifican esta valoración que comparto totalmente.
Vivimos en una sociedad donde se generaliza la impresión de que todo es una tontería, de que nada importa, de que pensar es perder el tiempo. Lo único que parece merecer la pena es “hacer” cosas que nos distraigan sin otro sentido más allá del placer inmediato.
En este contexto, numerosos medios de comunicación de masas consideran estúpido al público, y pretenden captarle y aturdirle con noticias superficiales y sensacionalismo barato.
Mundos imaginarios de manipulaciones y engaños, donde cada vez van cobrando mayor protagonismo las fake-news. Noticias falsas a las que no alude Livraghi probablemente porque no eran tan notorias cuando escribió su libro. Pero en mi opinión es uno de los temas más llamativos que se vienen produciendo de forma masiva y que determinan amplias dosis de estupidez y locura. El ser humano tiene una tendencia natural a creerse cualquier cosa porque somos seres de historias, de ficciones. Continuamente nos contamos historias sobre lo que somos, sobre nuestra biografía, ficciones sobre nuestras relaciones, etc. Si el contexto social y mediático inunda nuestras mentes con mentiras interesadas en nuestra manipulación como votantes y consumidores, el pensamiento y la capacidad crítica pueden desaparecer.
En este contexto es también muy llamativo el valor que atribuimos a las “celebridades”, personas con notoriedad pública a la que parece admirarse por cualidades que no poseen; personajes a los que se les imita en cualquier tontería que hagan, o incluso se les cita como autoridades en cuestiones de las que no saben nada.
En este sentido es también importante valorar el papel que juegan algunos youtubers en nuestra cotidianidad. Verdaderas autoridades de la ausencia de sentido, iconos del vacío postmoderno.
Livraghi considera también que la tecnología multiplica la estupidez, en el sentido de que puede crear la ilusión de que el ser humano puede delegar su capacidad de pensamiento en las máquinas.
Es por todo ello que este autor habla de estupidez globalizada. Además, la estupidez se va generalizando porque la de cada persona se combina con la ajena creando una red gigantesca, que amplifica la estupidez de cada cual; la multitud como un todo es mucho más estúpida que cualquiera de las personas que la conforma.
Al mismo tiempo, combinar la inteligencia de distintas personas es mucho más difícil que combinar la estupidez. La gente estúpida puede integrarse de forma instantánea en una muchedumbre u otro grupo, pero los inteligentes solo existen como grupo eficaz si se conocen y tienen experiencia en trabajar juntos.
En la próxima entrada veremos alternativas a esta estupidez que vengo describiendo en los últimos posts.