Optimismo y resistencia

“En medio del invierno, aprendí por fin que había en mí un verano invencible”

Albert Camus

Tras analizar alguna sombra del ser humano en las entradas anteriores de este blog, busco su diálogo con un optimismo que no sea un slogan ingenuo, sino un eco que persista a pesar de todo. Escribir sobre pesimismo es “fácil” para mí, en tanto que solo consiste en dejarse caer. Pero el optimismo requiere de voluntad, es algo a construir, un trabajo que exige elaboración. En este sentido, el optimismo sería una forma de resistencia más que un estado de ánimo.

Por otro lado, insistir y quedar instalado en la oscuridad del mundo, en la decadencia de todo y en lo caótico y decepcionante que es el ser humano, haría incomprensible la belleza de un atardecer o de la 5ª Sinfonía de Beethoven. No niego que existan las sombras, las vivo y escucho cada día, pero las experiencias de luz son igualmente reales y tienen la misma dignidad.

La misma especie que genera el horror de las guerras y destroza el planeta que habita es capaz de esculpir belleza en distintas expresiones artísticas, logrando un ejercicio de sublimación que desafía nuestra propia decadencia. Ahí se aprecia el potencial humano.

Navegando por el abismo se corre el riesgo de quedar atrapado e incluso complacido por la miseria compartida, en una suerte de elitismo moral o goce melancólico, que no querría ni mirar a otros posibles escenarios por temor a ser tildado de vulgar optimista e ingenuo ignorante. La alternativa es volver la mirada hacia aquello que nos hace dignos de ser, asumiendo el riesgo de que un narcisismo imaginario estalle por los aires.

Y cuando intento enfocar así mi mirada, asumiendo que mi conciencia crítica haga su trabajo, surgen palabras que en un ejercicio de asociación libre serían la música, el arte, la generosidad, la naturaleza, la belleza, el esfuerzo y la perseverancia, el amor paterno-filial, la amistad, la sexualidad, la ingenuidad infantil o la utopía.

Si anteriormente planteé la misantropía como vacuna contra la ingenuidad, ahora imagino que estas resonancias puedan ayudar a caminar.