Sublimación: el arte como resistencia

"Tenemos el arte para no morir a causa de la verdad"

F. Nietzsche

En Química, la sublimación es el proceso en el que una sustancia sólida pasa directamente al estado gaseoso sin pasar por el estado líquido. Por ejemplo el yodo sólido a temperatura ambiente se sublima en un gas violeta, sin pasar por la fase líquida. En la alquimia clásica, la sublimación era considerada una de las 12 etapas clave para la creación de la Piedra Filosofal. Para un alquimista no era simplemente pasar un sólido a gas; era un proceso de purificación espiritual. Posteriormente el término es empleado en psicoanálisis como "mecanismo inconsciente por el que la energía inherente a los instintos se deriva a una actividad socialmente útil". Concepto que mantiene la idea de pasar de algo sólido o básico a algo más elevado o puro.

En el contexto del arte y la experiencia humana, la sublimación se refiere a la capacidad de transformar el "plomo" de nuestras emociones, el dolor, el caos o el deseo, en el "oro" de una obra estética. El arte toma la materia prima de la vida y la hace volar convirtiéndola en algo que trasciende el tiempo. En el ámbito del psicoanálisis fue Sigmund Freud quien rescató inicialmente este término vinculándolo al arte: la sublimación como proceso de desviar impulsos que podrían ser destructivos o puramente instintivos hacia fines social y culturalmente elevados como la pintura, la música o la poesía.

En mi opinión la capacidad artística es una de las mayores virtudes a las que puede aspirar el ser humano. Y no me refiero a una obra de arte aclamada socialmente o valorada económicamente. Me refiero a la posibilidad humana de crear algo sublime y bello partiendo de cierto malestar, dolor o tensión interna. Es la posibilidad de pasar de eso sólido, bruto, pesado o doloroso a algo gaseoso, etéreo, espiritual o bello.

En relación a reflexiones anteriores en este blog, podría decirse que si el mundo es absurdo (Camus), crear algo bello es un acto de rebelión. Y que si el mundo es confuso (Spinoza), crear una imagen clara es un acto de sabiduría.

El ser humano es la única especie capaz de habitar su propio sufrimiento y convertirlo en una sinfonía o en un cuadro. Es la prueba de que el sujeto rodeado de caos, puede dedicar tiempo y energía a buscar la armonía de una forma o el ritmo de un verso, creando cierto sentido. La sublimación sería la prueba de que el ser humano no solo padece la realidad, sino que tiene la posibilidad y la dignidad de embellecerla.

Un ejemplo de esta "pausa creativa" entre la melancolía y la creación artística lo encontramos en el grabado Melancolía I de Alberto Durero, que voy a analizar en la siguiente entrada de este blog. En este grabado vemos a un ser rodeado de herramientas de cálculo y construcción; no parece estar vencido por la tristeza, sino que la está midiendo, ordenándola mediante la geometría, dándola alguna forma. Es la representación de que, incluso en nuestra hora más oscura, poseemos la soberanía de coger el compás y empezar a trazar un nuevo orden.

Posteriormente dedicaré un espacio a reflexionar sobre la escultura, la música y el cine como otras expresiones artísticas que permiten seguir sumando resonancias de optimismo.

Sin la experiencia artística nos quedaríamos atrapados en la densidad de lo material, en el peso de lo real, en algo insoportable. El arte nos permite respirar.